miércoles, marzo 17, 2010

A ti, anónim@

A ti, que hablas sin conocerme.
A ti, que causaste más de un problema en mi vida sin siquiera estar en ella.
A ti, que vives criticando lo que hace o no hace el resto sin mirarte por dentro primero.
A ti, que tienes un ego del porte de una catedral sólo para proteger un interior turbio y pobre.
A ti, que no dices las cosas a la cara y te escondes detrás de una foto.
A ti, que pucha que le debes tener ganas.
A ti, que creo que tu conciencia no te alcanza a decir lo mal que has actuado.
A ti, que no debes conocer el arrepentimiento.

Te dedico estas palabras de desahogo.
Porque estoy harta de saber que sigues haciendo lo mismo.
No mereces que te encare.
No mereces que te diga nada a la cara.
Porque sé que no serás capaz de mantener la mirada.
Porque la maldad nunca, nunca, le gana a la verdad.

domingo, marzo 07, 2010

Políticamente incorrecta

Terremoto = Sacudida del terreno, ocasionada por fuerzas que actúan en lo interior del globo (www.rae.es).

El sábado 27 de febrero, a las 3:34 de la madrugada, un sismo grado 8,8 Richter sacudió (siguiendo el concepto de la RAE) la zona central de mi país, Chile. Millones de personas sentimos, con diferente intensidad, cómo se movían los cimientos de nuestras casas, algunas vieron caer sus viviendas, otros observaron carreteras partidas en dos. Muchos deben haberse encomendado a Dios en esos momentos, otros quizás no tuvieron tiempo de hacerlo, y debe haber varios que ni siquieran se acordaron. Algunos recordaron a sus seres queridos que estaban lejos, otros los olvidaron aún más. Y minutos después, una ola arrasó con todo lo que encontró en la costa del Maule y el Biobío, dejando nada más que destrucción, desolación y abandono.
Yo lo pasé de pie bajo el umbral de una puerta, en un departamento en un tercer piso. Escuchaba gritos de personas que no podían controlar su temor, y sentía cómo se movía el muro al que me aferraba. Dentro de la casa, caían unas cosas y lo que empezó como un temblor, para mí ya era un terremoto; por la intensidad y también porque no terminaba nunca. Se cortó la luz e hice lo que no hacía hace meses: rezar. No sé por qué empecé a recitar "avemarías" como un robot. Quizás para esperar que pasara el movimiento y tranquilizarme.
Terminó. A oscuras. Saqué mi teléfono y llamé a mi mamá. Nada. Cero conexión. Saqué el Mp4 de mi bolso y sintonicé la 93.3 FM y la noticia estaba clarísima: terremoto. Me preocupaba mi mamá: vive en un piso 9 y sabía que ella estaba aún más preocupada por mí. Nada. Al mismo tiempo pensé en los que temen a los terremotos y quizás estaban pasándolo mal. Nada.
Me fui a dormir (estaba agotada: salí a las 2 AM del trabajo por "culpa" de Arjona) y a las 5 sonó mi celular: "Papá". Quería saber si estaba bien. Al minuto, de nuevo: "Mamá". Iba a verme, y al saber que estaba bien, se tranquilizó. Ella no lo pasó muy bien: se cayeron muchas cosas y la desalojaron del departamento por esa noche.
Los días siguientes fueron terribles: mucha destrucción, mucho dolor, en la tele, los diarios. Gente saqueando supermercados, incendiando locales, ayuda que no llegaba, autoridades que no daban la cara. Afortunadamente, esta situación de caos se fue tranquilizando (en la medida de lo posible) y fue así como llegamos al viernes 5 de marzo: el día de la campaña "Chile ayuda a Chile".
Y ahora empieza la parte que da título a este post. Dos regiones de nuestro país están en el suelo. Se necesitan miles de millones de dólares para reconstruir lo que se cayó en dos minutos. Se necesita el trabajo de millones de chilenos para levantar el país. Y estoy hablando sólo de lo estructural, lo físico. Porque, como dijo el sacerdote jesuita Felipe Berríos, este terremoto dejó enormes grietas sociales. Nos demostró que en nuestro país existe un grupo de personas que no se siente parte de la sociedad y aprovechó el desastre para manifestar su descontento saqueando. Sacó a la luz lo dependientes que somos de las comunicaciones, de estar "conectados", y la angustia que sentimos al no estarlo.
Y la campaña del fin de semana dejó en claro que podemos sanarnos: logramos unirnos como país y duplicar la meta: $30 mil millones. Lo que más valoro de esta campaña es, repito, la unidad: todos los canales de TV transmitieron en conjunto, 4 fundaciones unieron sus fuerzas (Hogar de Cristo, Un Techo para Chile, Fundación para la Superación de la Pobreza, Caritas y Teletón), dos bancos que compiten entre sí, empresarios, políticos. La presidenta Michelle Bachelet (que deja el mando este jueves 11) al lado del presidente electo Sebastián Piñera cantando el himno nacional es una imagen cliché, sí, pero valiosa desde todos los puntos de vista.
¿Estoy siendo muy políticamente correcta? Hasta ahora, sí. Cuando nos enfrentamos a una tragedia nacional somos muy solidarios, pero ¿qué pasa cuando los terremotos son personales, cuando las "sacudidas de terreno" surgen por fuerzas que actúan al interior de uno mismo? ¿Estamos tan atentos y dispuestos a ayudar al que está al lado, igual de terremoteado que nuestro querido país? ¿Nos damos cuenta? Me atrevería a decir que no.
Y lamentablemente, los terremotos internos son casi tan devastadores como los geológicos. El problema es que los daños no se ven. No siempre. ¿Somos solidarios con la persona que nos atiende en el banco, con quien limpia nuestros escritorios? ¿Entramos con una sonrisa a un ascensor, miramos al cantante que pasa pidiendo propina en la micro aunque no queramos darle nada, respondemos cuando nos dicen "gracias" o "buenos días"? Ésta es la falta de solidaridad que genera las grietas sociales que mencionó Berríos. Puede que la familia Luksic (por poner un ejemplo) haya donado mil millones de pesos para reconstruir Chile, pero ¿sabemos si le paga sueldos justos a sus trabajadores? ¿Si el gerente, el subgerente, sabe cuántos hijos tiene su secretaria o si su asistente tiene problemas personales? No estoy hablando de "anónimos", estoy hablando de preocuparnos por los que nos rodean, aunque no los conozcamos. Eso no se cura con dinero.
Sí, somos un ejemplo de solidaridad. Y estoy orgullosísima de ello. Pero todo queda en nada si no somos capaces de reconstruirnos como sociedad. De ser solidarios con el que tenemos al lado, de reconciliarnos con quien tenemos diferencias, de aceptar nuestras falencias y arreglarlas, como arreglamos nuestras casas. De ser mejores. De eso se trata esto.

viernes, marzo 05, 2010

Semana de locos

A las 3:34 de la madrugada de mañana, sábado 6 de marzo, se cumple una semana del terremoto que sufrió la zona central de Chile, dejando casi 300 muertos (confirmados), miles de desaparecidos y daños avaluados en 3 mil dólares.
Han sido días duros para mi país, para las autoridades, para los damnificados, para periodistas y para todos.
El post que antecede a éste trataba sobre la importancia que tiene para mí como profesional la rigurosidad y la vergüenza que siento cuando esto ocurre. Pero me estaba debiendo un post en el que me sintiera orgullosa por el trabajo que hago.
Los dejo con la portada de Publimetro del martes 02 de marzo, quizás el día más difícil post-terremoto, que fue cuando en Concepción (centro de la catástrofe) se llenó de saqueos y de violencia, y los militares tuvieron que salir a la calle. Esta portada fue muy bien aceptada, por lo esperanzadora y no sensacionalista. Ojalá piensen igual. Se hace lo que se puede.
Y, bueno, el tema también en El Ojo del Medio.

martes, febrero 16, 2010

Rigurosidad

Quizás no debería escribir este post, a lo mejor me aconsejarían dejar que las cosas pasen y que los errores sean tapados con tierra. Pero no puedo.
En todas las profesiones u oficios, ser riguroso debe ser una máxima. No hay excepción. Un médico, una secretaria, un reparador de zapatos, una chef, todos deben cumplir mínimo con las expectativas que se tienen de ellos. Y a eso se deben sumar las cualidades propias de cada persona. En el caso de los periodistas, la rigurosidad se manifiesta en informar con la mayor exactitud posible: que los datos presentados sean reales, la información debe ser relevante o interesante, y evitar en lo posible errores ortográficos o de redacción, entre otras acciones. Personalmente, soy extremadamente crítica cuando veo que esto no se cumple en los medios de comunicación que sigo (siempre peleo cuando miro las noticias o leo el diario) y todos mis esfuerzos como profesional que trabaja en un diario están enfocados en evitar este tipo de faltas. Pero hay cosas que se escapan de mis manos.
Hoy, casi me caí de espaldas cuando vi este error ortográfico en la portada del diario donde trabajo:
¿Por qué me escandalicé tanto? Porque es un error garrafal, porque refleja ignorancia, no tanto del uso de "z" o "s", sino de qué significa ese acrónimo, porque una equivocación así desinforma, porque aunque sea un diario gratuito no podemos caer en este tipo de errores, porque queda de manifiesto una falta de rigurosidad.
Claro, el diario pasa, al día siguiente nadie se acuerda, esa página quizás esté envolviendo unos huevos o sea usada para limpiar vidrios. Pero no son excusas. De verdad, me siento muy avergonzada y espero que este tipo de errores no vuelvan a repetirse.

El tema en El Ojo del Medio.

miércoles, febrero 10, 2010

El que no llora...

...no mama.

Nunca he sido buena para reclamar. No sé si por timidez, por lata o simplemente porque lo encontraba innecesario. Si en un restaurante me traían lo que no quería, me quedaba callada; si me daban vuelto de menos no lo notaba y así. Sólo con 2 cosas era intransigente: el respeto por los puestos en las filas o números de atención y cuando los precios en las tiendas son distintos a los publicados. Pero si compraba una plancha y al mes se echaba a perder, filo, me compraba otra. Comodidad ante todo.
Eso ha cambiado en este tiempo, especialmente la última semana, en la que he hecho varios reclamos por situaciones diferentes. Y creo que es la actitud: uno es consumidor, cliente, paciente y merece respeto por eso. Y esto se transfiere también al ámbito profesional: los periodistas muchas veces somos ninguneados o pasados a llevar en nuestro deber, las fuentes no nos pescan y hay un derecho a la información que resguardar. Pero eso da para otro post.
Bueno, en menos de 7 días ya he reclamado 3 veces. Creo que mi foto ya anda circulando por las tiendas comerciales, bancos, consultas médicas, isapres, etc., como "clienta conflictiva". El primer reclamo fue por una inoperancia brutal de mi banco: hice el cambio de sucursal de retiro de talonarios de cheques (sí, uso cheques) vía telefónica y cuando iba a buscar uno, me informan que el traslado no se había realizado. Obviamente, se me habían acabado todos los cheques y ese día era el único en el que podía ir a hacer ese trámite porque al siguiente viajaba a Arica. Hablé con 3 ejecutivos/as telefónicos/as (porque chuta que tienen filtros las ejecutivas de cuenta!) y amenacé con cambiarme de banco y con dejar un reclamo formal. Oh, coincidencia, se desocupó mi ejecutiva. Muy amable, hizo todas las gestiones (incluso yendo más allá de sus posibilidades) y logré tener mi talonario. Sin embargo, el reclamo por escrito (desde mi correo laboral, obviamente -trabajo en un diario-) lo envié igual.
La otra situación se dio hoy, en una consulta dental de una Isapre que tampoco mencionaré. Mi cita era a las 11 de la mañana y llegué cinco minutos antes. En ese intervalo, tuve un par de incendios de trabajo que apagar (vía telefónica), y de 11 a 11.20 no pasaba nada. A esa hora, me llamaron a consulta y justo llama uno de los mandamases de mi empresa para preguntarme un par de cosas importantes de pega. Me demoré 2 minutos en cortar y... ¡llamaron a la persona que venía detrás de mí! "Espere un rato, es que como estaba hablando por teléfono...", me dijo la auxiliar. Lo encontré una falta de respeto: yo espero 20 minutos por la atención, ¿y el dentista no puede esperar 2 minutos a que corte una llamada urgente? ¿No es como mucho? Claro, si me hubiese atendido cuando tenía que hacerlo, a la hora correspondiente, nada de esto hubiera pasado. Me retiré indignada y dejé un reclamo en el libro de sugerencias. Espero que lo lean.
Algo bueno de esto es que alcancé a ver al dentista y, cruzando nombre y cara, era el mismo que me sacó las últimas muelas del juicio (hace casi 10 años) y no quedé muy conforme. De la que me salvé.
Y la otra, hace unos minutos. Acá sí mencionaré marcas. En diciembre (cerca de Navidad), una ejecutiva de CMR Falabella me ofreció cambiar mi tarjeta por una CMR-Visa y, con la primera compra, me regalarían 5 mil puntos. Había gastado esa cantidad tiempo atrás, entonces era una buena forma de recuperarla. Hice el trámite y ya, me dieron mi tarjeta. Antes de Año Nuevo hice la compra correspondiente y... aún no aparecen los puntos. Llamé a CMR para preguntar y me encuentro con la novedad de que los "5 mil puntos" ¡se acumulan en 3 compras distintas con la tarjeta (1.500 + 1.500 + 2.000)! Le digo al ejecutivo que me atendió: "Eso no fue lo que me informaron al cambiar la tarjeta, ¿qué puedo hacer?" y me responde: "Vaya y reclámele a la ejecutiva que le abrió la tarjeta" (¿¿¿?????¡¡¡¡¡). Le dije que me parecía un chiste su respuesta, que cómo iba a ubicar a una persona de la que ni siquiera tenía el nombre, que dónde podía reclamar y me dice: "Acérquese a una oficina CMR". ¿No es insólito? Así que, señores Falabella, si tienen algún buscador de su marca en Internet, acá tienen a una clienta muy molesta.
Creo que las empresas que atienden público tienen que tener presente que los clientes somos personas. Y que el boca a boca es el marketing más importante, sobre todo ahora, con la Web 2.0 y las redes sociales. Es lo que le decía a mi ejecutiva de cuentas, cuando me propuso "mandar a alguien" a buscar mi talonario: El error fue de ellos, ¿por qué tenía yo que molestarme en arreglarlo? ¿Por qué tengo que seguir esperando por una atención odontológica si justo me llaman por celular, 20 minutos después de la hora acordada?
Los consumidores tenemos derechos, y si hay justificación, no tengo ningún problema en reclamarlos. Ahora no.