"Sólo sirve para llenar la cara de arrugas y el corazón de amargura", le decía uno de sus hijos a Misiá Manuela, en 'Mama Rosa', pero a veces creo que es necesario... Sólo cuando ya se transforma en una actitud irracional, sin fundamentos, es detestable.
Yo no me definiría como una persona orgullosa, pero si la ocasión lo amerita, puedo ser lo más frío que existe. No me gusta sentir que estoy cediendo cuando considero que es injusto. Pero a veces se dan los 'gallitos', en los que o cedes tú o pierdes todo. "Dispara usted o disparo yo". Y suelo ceder yo. Pero me molesta.
martes, agosto 08, 2006
domingo, agosto 06, 2006
Me gustaría...
- No quedarme pegada pensando cosas que pasaron y que no tienen solución: siempre me quedo pensando cómo haber evitado un mal rato o cómo debería haber actuado para evitarme una discusión o problema.
- No ponerme colorada cuando algo me da vergüenza: no hay caso, cualquier cosa que me digan hace que el rojo llene mi rostro. Es que soy muy blanquita...
- Dejar de ser picota: me falta relajarme y disfrutar. En eso me parezco a Mónica Geller (Friends).
- Atreverme a defender mis derechos y no guardarme las cosas: a veces agacho mucho el moño y me pasan por encima.
- Cambiar mi abdomen: es algo genético y no quiero cirugía.
- No hincharme como pelotita cuando estoy estresada: es muy desagradable.
- Tener más personalidad cuando conozco a alguien o entro a un grupo nuevo: ser más yo misma y no dar falsas impresiones.
- Poder imitar acentos extranjeros de habla hispana("Aguas, aguas, que viene el chichigualote"): no sé por qué no puedo hablar como venezolano, argentino o mexicano y sí inglés (con buena pronunciación).
- Dejar los prejuicios atrás: me cuesta enfrentarme a las cosas en blanco.
- Ser más deportista: trotar, andar en bici.
martes, agosto 01, 2006
Los papás de mis papitos
Cuando yo estaba en el colegio, siempre teníamos como curso una actividad de acción social al año. Generalmente apadrinábamos jardines infantiles de comunas pobres de Santiago: les llevábamos regalos a los niños para navidad, hacíamos paseos con completos, helados y juegos en el ex parque Intercomunal, y les dábamos cajas y cajas de leche en polvo todos los meses para sus desayunos y onces.
Un año, eso sí, decidimos apoyar a la Casa Nacional del Niño, del Sename, que quedaba al lado del hospital Calvo Mackenna. Nuestra labor consistía simplemente en ir a las salas donde estaban las guagüitas, darles la mamadera y sacarle los flatitos. Una tarea simple, pero puchas que alivianaba la labor de las enfermeras y ¡puchas que me hacía sentir plena! Tener a una guagua indefensa en mis brazos, un bebé que había sido abandonado, que estaba solo, y darle cariño, un cariño de una cabra de dieciséis años, un cariño que no era retribuido con palabras y gestos, pero que yo sentía cada vez que esos pequeñitos seres me sonreían o incluso cuando dejaban restos de su once en mi delantal.
Siempre he tenido más empatía con los seres que siento más indefensos. Y en ese grupo están los ancianos y los niños pequeños. Me llena de indignación ver que hay sujetos -que se hacen llamar personas- que abandonan o le hacen daño a abuelitos o guagüitas. Me entristece ver viejitos a altas horas de la noche, durmiendo a la intemperie o que están obligados a mendigar. Me llena de impotencia ver en las noticias a personas de la tercera edad que viven en la más absoluta indigencia, tratados como basura por sus hijos, en un estado que no respeta sus años de vida, su sabiduría.
Hoy fue el lanzamiento de la campaña "Una cana, una historia" con la que el Hogar de Cristo conmemora el Mes de la Solidaridad. Y en la Plaza de Armas se reunieron viejitos "famosos" como el ex presidente Patricio Aylwin, Julita Astaburuaga y el tío Lalo y viejitos no tan famosos, de dos centros abiertos del Hogar de Cristo. Un lanzamiento muy emotivo.
Pero se dio una situación irónica: un fotógrafo (no sé de dónde) le tomó una imagen a los abuelitos del centro abierto. Los abuelitos posaron con sus gorritos, sus sonrisas desdentadas, su piel curtida. El fotógrafo se iba y uno de ellos le preguntó para qué diario era. El fotógrafo ni se molestó en responder. Se fue. El abuelito (¿o abuelita?) le dijo a su acompañante: "Sólo quería saber pa' comprar el diario, pueh". ¡Me dio tanta impotencia! ¿Qué le costaba tomarse dos segundos y responder? ¿Por qué el ser humano es tan dado a faltarle el respeto a quién considera más débil que él?
Los dejo con el Decálogo del Buen Trato al Adulto Mayor: No olviden que tarde o temprano, todos seremos "señores grandes".
Un año, eso sí, decidimos apoyar a la Casa Nacional del Niño, del Sename, que quedaba al lado del hospital Calvo Mackenna. Nuestra labor consistía simplemente en ir a las salas donde estaban las guagüitas, darles la mamadera y sacarle los flatitos. Una tarea simple, pero puchas que alivianaba la labor de las enfermeras y ¡puchas que me hacía sentir plena! Tener a una guagua indefensa en mis brazos, un bebé que había sido abandonado, que estaba solo, y darle cariño, un cariño de una cabra de dieciséis años, un cariño que no era retribuido con palabras y gestos, pero que yo sentía cada vez que esos pequeñitos seres me sonreían o incluso cuando dejaban restos de su once en mi delantal.
Siempre he tenido más empatía con los seres que siento más indefensos. Y en ese grupo están los ancianos y los niños pequeños. Me llena de indignación ver que hay sujetos -que se hacen llamar personas- que abandonan o le hacen daño a abuelitos o guagüitas. Me entristece ver viejitos a altas horas de la noche, durmiendo a la intemperie o que están obligados a mendigar. Me llena de impotencia ver en las noticias a personas de la tercera edad que viven en la más absoluta indigencia, tratados como basura por sus hijos, en un estado que no respeta sus años de vida, su sabiduría.
Hoy fue el lanzamiento de la campaña "Una cana, una historia" con la que el Hogar de Cristo conmemora el Mes de la Solidaridad. Y en la Plaza de Armas se reunieron viejitos "famosos" como el ex presidente Patricio Aylwin, Julita Astaburuaga y el tío Lalo y viejitos no tan famosos, de dos centros abiertos del Hogar de Cristo. Un lanzamiento muy emotivo.
Pero se dio una situación irónica: un fotógrafo (no sé de dónde) le tomó una imagen a los abuelitos del centro abierto. Los abuelitos posaron con sus gorritos, sus sonrisas desdentadas, su piel curtida. El fotógrafo se iba y uno de ellos le preguntó para qué diario era. El fotógrafo ni se molestó en responder. Se fue. El abuelito (¿o abuelita?) le dijo a su acompañante: "Sólo quería saber pa' comprar el diario, pueh". ¡Me dio tanta impotencia! ¿Qué le costaba tomarse dos segundos y responder? ¿Por qué el ser humano es tan dado a faltarle el respeto a quién considera más débil que él?
Los dejo con el Decálogo del Buen Trato al Adulto Mayor: No olviden que tarde o temprano, todos seremos "señores grandes".
- Recuerde que todos somos hijos de Dios, también las personas mayores.
- Visite a una persona mayor.
- Trátele como adultos y no como a un niño.
- Asígnele una responsabilidad que pueda cumplir.
- Salúdele con un abrazo.
- Agradézcale por lo que su vida significa para usted.
- Invítele a caminar durante 5 minutos.
- Prepárele una comida especial.
- Pídale un consejo.
- Pregúntele sobre el Padre Hurtado.
P.D: Harto mamón el post... ¿y qué?
domingo, julio 30, 2006
De cuando en vez
[Post nº 93]
Se está acabando este domingo. Se está terminando este mes.
Los días se suceden, uno tras otro. Pasan las semanas, unas tras otras.
Los fines de semana, los cumpleaños, las citas, los aniversarios.
Pasan, pasan, pasan.
Dicen que Lennon dijo: "La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado en otros planes".
Yo no quiero que eso sea mi vida, pero ¿será inevitable? ¿Será que la vida es tan inasible que ni siquiera podemos percibirla?
No quiero que mis otros planes, de los que me ocupo mientras se pasa mi vida, sean los que son ahora. Quiero crecer. Quiero conocer. Quiero aprender. No quiero llegar a fin de año y que mi recuento sea sólo un item. Quiero tener frutos, que el cuaderno de mi vida esté lleno de enseñanzas, de borradores, de definitivos.
Mirar, sorprenderme, subir.

Se está acabando este domingo. Se está terminando este mes.
Los días se suceden, uno tras otro. Pasan las semanas, unas tras otras.
Los fines de semana, los cumpleaños, las citas, los aniversarios.
Pasan, pasan, pasan.
Dicen que Lennon dijo: "La vida es lo que te pasa mientras estás ocupado en otros planes".
Yo no quiero que eso sea mi vida, pero ¿será inevitable? ¿Será que la vida es tan inasible que ni siquiera podemos percibirla?
No quiero que mis otros planes, de los que me ocupo mientras se pasa mi vida, sean los que son ahora. Quiero crecer. Quiero conocer. Quiero aprender. No quiero llegar a fin de año y que mi recuento sea sólo un item. Quiero tener frutos, que el cuaderno de mi vida esté lleno de enseñanzas, de borradores, de definitivos.
Mirar, sorprenderme, subir.
pd: En la foto, yo hace más o menos 15 años.
jueves, julio 27, 2006
Nieve sobre la ciudad
No es común que haya nieve sobre Santiago. Cuando esto sucede, generalmente es sobre las zonas precordilleranas, como el Cajón del Maipo y El Arrayán. Ayer fue uno de esos días, y como buena periodista (link con dirección a blog actualizado) fui al lugar de los hechos. Como mala periodista, me convertí en protagonista de la noticia, pero sólo para este espacio.Sólo una vez he subido a los centros de ski (cuyas peripecias son dignas de otro post), pero no me tocó una nevazón como la de ayer. Y aunque odio la lluvia, tengo la impresión de que con la nieve podremos ser buenas amigas. Lástima el frío.
Crédito fotografía: Sylvio García.
[Para los perceptivos: Sí, es que en ésta se percibe mejor la nieve y mi cara no es de tanto sufrimiento... pero la idea es la misma]
[Para los perceptivos: Sí, es que en ésta se percibe mejor la nieve y mi cara no es de tanto sufrimiento... pero la idea es la misma]
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